Coronavirus: El impacto colectivo de nuestras emociones.



Una invitación del Universo a la observación Por Rhesiquio Rodríguez


La vida es de elecciones. La raza humana está al límite y el curso de los acontecimientos mundiales ha dejado de frente a nosotros, una serie de cartas a jugar y por su puesto a elegir. La vida es una creación y no un descubrimiento. No vivimos para descubrir que nos depara el futuro, si no para crearlo.


Desde la premisa de que cada uno de nosotros es libre tanto como Dios, que ni él puede violar nuestro libre albedrío, entonces ¿Por qué todo parece volverse loco? En un mundo que en apariencia lucha por la tolerancia y la equidad, parece que, cada vez estamos más separados en grupos que ven sólo por sí mismos y no por un universo colectivo: hombres contra mujeres, homosexuales contra familias tradicionales, religiosos contra agnósticos, pro aborto contra pro vida, “chairos vs fifis”. En la lucha por la tolerancia nos hemos vuelto violentos e intolerantes contra otros, pero sobre todo contra nosotros mismos. Nuestra vibración individual y colectiva se ha vuelto pesada, baja, pobre. ¿Será que el universo nos está dando su respuesta? Hay quienes dicen que sí, que el mundo tiene los años contados. Nuestra ecología está agonizando: terremotos, incendios forestales masivos, extinción de especies, guerra.


Yo tengo una teoría filosófica muy personal. Todo esto puede ser un llamado- respuesta a observar (no un castigo divino) que debemos empezar a elegir a partir del amor y no desde el miedo, no desde el rencor y la división. Es parte de una necesidad de reconocer la conciencia colectiva que puede movernos como un todo, unidos.


Hoy nos enfrentamos a una pandemia por un virus emergente llamado Covid-19. No sabemos cómo llegó a los seres humanos, algunos culpan a los habitantes Wuhan y los hábitos de su propia cultura (Tan respetable como cualquier otra), ideas conspiradoras empiezan a nacer, no sabemos si nació solo o nosotros somos los culpables y en realidad no importa. Lo que importa es entender que es parte de la conciencia colectiva al miedo y como tal debemos combatirla.

Creo que el mundo nos está obligando a detenernos, incluso nos está obligando a aislarnos para dejar de ver al mundo desde fuera, para podernos ver primero a nosotros y a partir de allí, observar sin juicios. Tal vez este virus viene a enseñarnos que no somos diferentes; que lo que nos hace mujeres, hombres, religiosos, meditadores, hijos, mamás o doctores son características personales que no nos definen, pues quitándonos el ego de nuestras creencias, todos somos igual de vulnerables, de frágiles.

No podemos evitar lo que está ocurriendo a nuestro al rededor pero como seres humanos, y más aún, como mexicanos que estamos entrando la llamada fase 2, podemos aprender de nuestros errores y mejor aún, de los errores y aciertos que están viviendo los países que nos llevan unas semanas de este arduo camino. Podemos parar y observar para tomar decisiones desde el amor y no desde el egoísmo, que ya vimos en otros países, tomar en cuenta lo que no funcionó y casi los hace caer, romperse. Tomar decisiones para cuidarnos a nosotros mismos y así cuidar a los que son más vulnerables; dejar de pensar que como yo soy joven y sano está infección pasará sin pena ni gloria para mí y bajo la conciencia colectiva cuidar al pobre, al inmunodeprimido, al diabético, al enfermo con cáncer, que sí está expuesto. Sí, a pesar de que no conozca su nombre. Quizá esa persona podría ser mi abuelo, mi padre o mi madre.


Quizá este virus nos quiera enseñar que desde el aislamiento debemos estar más unidos que nunca, y bajo la conciencia colectiva, pensemos en las necesidades del otro y entonces no hagamos compras de pánico y dejemos sin recursos básicos a los que no tienen dinero más que para cubrir sus necesidades del día a día o de los enfermos que sí necesitan un cubrebocas.

Tal vez este virus nos esté enseñando a ver el abrazo y el beso, hoy, como un arma letal para que tengamos que demostrar lo que somos con nuestros actos y no sólo con gestos. O tal vez nos enseñe la importancia que debe tener nuestro cuerpo físico y la necesidad de cuidarlo y mantenerlo limpio para que no enferme.

Quizás este virus nos está enseñando a parar, a reflexionar, a observar lo qué hay dentro para entender con amor lo que está ocurriendo afuera.


No lo sé. Lo que sí sé es que si este virus nos quiere enseñar algo y yo quiero aprender. Al ver lo que ha ocurrido en otros países, seguro estoy, de que hoy tenemos que aprender, que tenemos una responsabilidad personal que nos obliga a elegir y una responsabilidad colectiva que, por supuesto, nos afecta porque formamos parte de ella. Consciente estoy de qué hay miedo, pero sobra el amor, Se qué hay egoísmo pero que esté puede ser buen momento para soltarlo. Sé qué hay incertidumbre, pero también hay conciencia de que, si se siguen las recomendaciones pensando en todos y no sólo en mí, esto podrá contenerse a tiempo.


Hay aislamiento, pero debemos aprender de él pues la soledad es una necesidad humana que invita a escucharte, a renovarte y a reconocer la mejor versión de ti mismo. Si hay enfermedad, pero por primera vez, en muchos días, hoy no escucho divisiones. También hay muerte, pero en los países que están pasando este trago amargo hay esperanza, hay respeto y unión. Tengamos en cuenta que no hay peor enfermedad que el miedo y que el miedo enferma. Si la vida es de elecciones yo opto por el amor. Te invito hoy a que te quedes en casa y te protejas a ti y a la gente que amas. Quédate en casa y aprovecha para meditar, para reflexionar y puedas elegir cómo quieres vivir a partir de ahora. Hoy quédate en casa y tomate un respiro. Quizá puedas encontrar la mejor versión de ti mismo.

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