CUENTOS DEL CIELO PARA NIÑOS Y NO TAN NIÑOS

Actualizado: 21 jul

Uno de tres...

La magia de creer

por Alejandra Ledesma


Hola soy Aly, tengo 7 años y quiero contarte algo que viví la primera vez que volé en avión. Fue algo muy especial, y creo, que ¡ya estoy lista para compartirlo! ¿Tú estás lista o listo para escucharlo?


Ese día que volé por primera vez en avión, me llevé una gran decepción, cuando me di cuenta que en verdad ¡las nubes no son de algodón!, y me pregunté, ¿cómo iban a ser de algodón, si estábamos pasando a través de ellas? No podía ser cierto, si en la primaria nos enseñan que las nubes están hechas de “gas”, de agua evaporada. No tenía sentido pensar que eran de algodón, pero había otra parte dentro de mí, que estaba segura que sí lo eran. Y entonces decidí que así sería, por lo menos en ese viaje, por lo menos desde mi ventana.

Y entonces decidí creer para ver.

No puedes imaginar todo lo que vi (añade un gran ¡Wooooooow!).


¡Acá arriba es increíble!, porque si miras bien, si escuchas bien, si cierras los ojos y luego los abres bien, podrás ver el mundo que hay acá arriba.

Es maravilloso ver como en el cielo hay mar y grandes masas de nubes de algodón, las más grandes, son campos donde corres y corres, y después te echas sobre ellas para mirar hacia arriba y hacia alrededor.

Encontrarás pequeñas comunidades llenas de casitas, cabañas y hasta grandes castillos con adornos que parecen trenzas de chocolate blanco.

Y, ¿cómo ir del campo de algodón a una de esas casas y regresar? Sólo tienes que tomar un pedacito de nube, esperar a que pase una flotando, concentrarte muy bien y brincar sobre ella. Sólo bastará con que cierres los ojos y te toques la nariz y la nube sabrá exactamente a donde quieres ir. Puedes ir tan lejos o tan cerca como quieras, al fin siempre estarás cerca. Aquí todo está cerca, porque tú estás cerca.

Las personitas que viven en el mar de algodón son muy peculiares, y necesitas creer para poder verlas, al principio sólo se ven como una especie de lucecitas que se mueven, pero si recuerdas las figuras que veías en cielo cuando eras niño, será más fácil que puedas identificar las que ves ahora.

Esas personitas, a veces parecen aves o mariposas, pero, si te concentras en tu corazón, verás que son lo más parecido a un hada. ¡Wow, qué lindo!, nunca había visto a una de ellas.


De pronto, un “Toc, toc”, se escuchó afuera de mi ventana.

¡Es una oruguita que me está hablando!

¡Momento!, ¿una oruga me está hablando?

Cerré los ojos, los volví a abrir, y ¡no!, no es una oruga como lo creía, es una pequeña mujercita, que, sin decir sola una palabra, como si hablara desde su mente o desde su corazón, me dijo lo siguiente:

- “¡Claro que ya habías visto a un hada!, sólo que no lo recuerdas, eras muy pequeña cuando jugamos varias veces, era muy divertido jugar con tu cabello”.

- Y le contesté: pero, ¿cómo?, no lo recuerdo.

- Y ella me contestó: “el tiempo y el lugar no importan, lo que importa ahora es que nos volvimos a encontrar”.


Me tallé los ojos para ver si no me había quedado dormida, me jalé un poco la oreja y ¡no! estaba muy despierta y me pregunté: ¿no estaré soñando que estoy en un avión?

Y como si ella escuchara lo que estaba pensando la pequeña hadita me dijo:


- “Sé que estás dudando si esto es real o no, y claro que es real, todo lo que creas es real y en el fondo lo sabes, sólo que a veces no lo crees y cuando no lo crees, entonces volvemos al principio. Acuérdate de siempre creer, porque ahí encontrarás lo que buscas y cuando menos lo pienses estarás aquí afuera conmigo, corriendo fuerte, rápido y feliz en este campo de algodón. Me tengo que ir querida Aly, quiérete mucho, juega, ríe, ama y cuando estés lista para saltar a la nube, entonces ella va a saber a dónde llevarte y no lo olvides sólo cree, nunca dejes de creer”.


La personita desapareció y enseguida los maravillosos colores del mar y su espíritu me dieron la bienvenida a mi destino. Ya llegué.


Me encantaría que compartieras esta experiencia con otros niños y no tan niños, para recordarles el poder de la imaginación, la grandeza de ver desde el corazón y la importancia de creer para ver. Con amor Aly :)


Alejandra Ledesma es publicista de profesión, terapeuta Gestalt, maestra de meditación y terapeuta holística por vocación.

Acompaña en proceso terapéutico y en meditación a niños y adultos, con una especialidad de enfoque Gestalt en niños y una certificación de meditación para niños en la Academia Prema.

Cuenta con diferentes subespecialidades de: desarrollo humano, trauma, trabajo con síntomas, mindfulness y una maestría en enfoque Gestalt.

Es fundadora de Daluzaá, terapias, talleres y meditación, donde imparte diferentes cursos y talleres a grupos privados, familias, en el sector educativo y empresarial, además de dar terapia en consulta privada y acompañamiento en duelo a adultos y niños.

Puedes contactarla en Facebook: @Daluzaa, mail: alejandra@daluzaa.com o www.daluzaa.com.

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