Buscar
  • Jivan Vinod

Depresión: La enfermedad silenciosa que se resuelve con el silencio.

Por Hesiquio Rodríguez



Sin lugar a dudas todos nos hemos sentido en algún momento tristes. Estarás de acuerdo que no es una sensación del todo grata, sin embargo, no está mal, pues es tan humana como el resto de nuestras emociones. Suele ser una respuesta a un estímulo negativo momentáneo y tiene siempre solución.


Pero ¿Qué pasa cuando esa solución no llega y nos mantenemos en este estado durante todo el tiempo? Un estado donde aquello que nos causaba gozo o placer simplemente ya no lo hace. ¿Qué pasaría si vieras literal, todo tu mundo de color gris? Eso es la depresión y a diferencia del duelo, la tristeza y la preocupación que son, hasta cierto punto, “normales”, ésta es crónica y puede ser devastadora.


Con depresión se diagnostica a una persona que se encuentra con una tristeza muy profunda y crónica; de tal manera que esos sentimientos unidos, a la culpa y a la dificultad para implicarse en relaciones placenteras, le impiden realizar sus actividades cotidianas, como: Trabajar, cuidar de los hijos, mantener relaciones personales significativas. Todo acompañado de una sensación de no valer nada.


¿Conoces a alguien así? o peor aún ¿Te has encontrado en un estado así? Más que hablar de la “amígdala” (la parte del Sistema Nervioso que regula las emociones) o la dopamina y la serotonina (los neuroquímicos que tienen que ver con la felicidad. Me gustaría hablar de esta enfermedad desde un punto de vista más humano, con la finalidad de comprenderla y así, quitarle el drama que le otorgamos, tanto los pacientes que la padecen, como los familiares y amigos de quien vive con ella. Hay que comprender y entender que, como todo en la vida, tiene muchas soluciones y la meditación es una de ellas.


Las manifestaciones más evidentes de la depresión son:

1) Pérdida de la confianza en uno mismo y sensación de inferioridad.

2) Ideas de culpa y sensación de inutilidad.

3) Disminución de la atención y la concentración.

4) Pérdida del apetito y del sueño.

5) Una pobre perspectiva del futuro.

6) Pensamientos y actos suicidas o actitudes de autoagresivas. (En los casos más severos).


En ocasiones la autoconciencia del deprimido está tan trastornada que el pensamiento primordial es: “No valgo nada” o “no soy nada” y por lo tanto sentimos que merecemos todo lo negativo y lo que es peor; creemos que no merecemos amor y le cerramos la puerta.


La depresión casi nunca aparece de repente. Es una enfermedad silenciosa y paciente que va llenándonos de dolor y de presión como lo hace una olla exprés. Suele comenzar con un evento predisponente inicial: Frustración porque las cosas no salen como esperamos, sentimientos de culpa, fracasos y pérdidas de trabajo, relaciones turbulentas, duelos mal vividos. Todos nos van llevando al aislamiento, indefensión, al silencio por miedo al juicio y vamos perdiendo poco a poco la vitalidad, hasta sucumbir a la enfermedad.


¿Observaste que tienen en común estos factores? Son situaciones del pasado. Y eso es lo que realmente ocurre en la depresión: Nos aferramos al pasado, por muy doloroso que sea, porque decidimos creer que es lo único que tenemos. Lo que no es más que una mentira generada por nuestra mente. Lo único que tenemos es el presente y en el presente no se encuentran todas esas historias que hemos decidido cargar, que pesan y que nos rompen el corazón.

¡Ah!, pero, no pueden romper la naturaleza de nuestro ser porque es incorruptible y es desde aquí que una de las soluciones más efectivas en la meditación.


Si le ponemos un poco de ciencia, hoy sabemos, que meditar puede resultar tan efectivo o más que los fármacos antidepresivos. Según un estudio realizado por la Universidad de Exeter en el Reino Unido (y pongo este ejemplo, no por ser el único, sino porque se basó en el Método científico y se publicó en 2015 en "The Journal of Consulting and Clinical Psychology”) El estudio se basó en técnicas de meditación budista (el silencio) y su resultado es un tratamiento bautizado como "terapia cognitiva basada en la plena consciencia”.


Se afirmó que se escogió a dos grupos de personas con depresión, a uno de los cuales se trató con los medicamentos antidepresivos y al otro con la meditación zen. Ambos tratamientos se prolongaron durante ocho semanas, Ambos grupos obtuvieron mejoría clínica; lo interesante está en que se dejó pasar un periodo de 15 meses, al término del cual se constató que un 60% de quienes se trataron con antidepresivos recayeron, frente a un 47% de recaídas entre quienes habían meditado. Interesante ¿No?


La meditación nos propone centrar nuestra existencia en el presente, en vez de obsesionarnos con el pasado y el futuro y así podemos enseñarle a nuestros pensamientos que ya no carguen con todo aquello que es sólo historia, que pesa, duele y engaña. Poco a poco al ir avanzando en el proceso vamos “aligerándonos” y podemos observar a nuestros pensamientos sin juicios y por ende nuestras emociones cambian, pues pueden sentir lo único real en nuestro ser: El amor.

Es desde el silencio de la meditación que podemos sanar. Pero, qué podemos hacer como espectadores, es decir si tenemos a un familiar, amigo o ser querido con depresión. La solución está en crear una red de apoyo, respetando el espacio personal, sin abandonar, alentar y siempre observar desde el amor, la paciencia y la compasión.


Estoy seguro que tomando en cuenta lo anterior podemos hacer de nuestra existencia un mundo más feliz, un mundo sin depresión.

275 vistas

Regresa a tu corazón

y transformaremos el mundo juntos

  • Facebook
  • YouTube
  • Instagram - Gris Círculo
  • Spotify - Gris Círculo
  • iTunes - Gris Círculo