OTOÑO, UNA INVITACIÓN A SOLTAR Y USAR EL EQUINOCCIO A NUESTRO FAVOR.

Actualizado: sep 22

POR ALEJANDRA LEDESMA



Algunos nos preguntamos ¿por qué cada vez que hay un cambio de estación la gente habla de equinoccios y solsticios, todo mundo hace rituales y viaja a lugares emblemáticos como las pirámides o Stonehenge?

Porque aunque como raza humana nos empecinemos por “dominar” el planeta, la naturaleza sigue teniendo influencia sobre nosotros y, por lo tanto, sus ciclos también.


En la vida estamos llenos de ciclos y las estaciones del año también lo son; cada una tiene ciertas características más allá del clima o de nuestro periodo vacacional.

Como los seres humanos, también nuestra madre tierra tiene periodos de ir hacia afuera e ir hacia adentro y esto se ve reflejado en todos los elementos del planeta, incluyéndonos a nosotros.

La parte más visible son los árboles, cómo van cambiando de color, cómo sus hojas se van perdiendo, hasta que algunos parece que están secos, pero sólo están en un periodo de retraimiento.

Cada estación tiene su propia energía y periodos que nos ayudan a ir hacia afuera (primavera / verano) y periodos que nos ayudan a ir hacia adentro (otoño / invierno). Y si nos armonizamos con esos periodos, es más fácil fluir en nuestra vida.


El movimiento hacia afuera comienza en primavera y en verano todo está radiante. Poco a poco, las hojas de los árboles comienzan a brotar, los días suelen ser más calurosos, las flores están en su máximo esplendor y todos queremos estar en la playa. (Bueno, hay quienes siempre queremos estar en la playa). Los días son más largos que las noches y estamos más tiempo activos.


¿Y qué pasa en otoño / invierno? Es un periodo de retraimiento que comienza en otoño y que llega a su plenitud en invierno.

El equinoccio de otoño es un periodo del año donde se da una cierta igualdad en las horas del día y de la noche, para después pasar a las noches más largas en invierno.


Según los expertos, lo que debemos hacer durante los próximos tres meses física, emocional, mental y espiritualmente es prepararnos para el invierno.

Las abuelas decían que en otoño “se teje, se aprende a bordar, a preparar las conservas, y a hacer cosas para recibir el invierno.” Pero en este mundo en el que ya nada de eso se practica de manera regular, ¿qué hacer para estar en armonía con los periodos de la naturaleza?, especialmente ahora.


Es un buen momento para equilibrar nuestra luz y nuestra oscuridad, hacer un equilibrio de ir hacia afuera e ir hacia adentro.

Hay algunas personas a quienes nos es muy fácil ir hacia adentro y hay otras a quienes les es más cómodo ir hacia afuera. El verdadero reto está en mantener un equilibrio entre ambos.

Cuanto más nos eduquemos para los dos movimientos, tendremos mejor salud física, emocional, mental y espiritual.


Otoño es un momento, en el que al igual que los árboles dejan caer sus hojas, nosotros podemos empezar a soltar todo aquello que ya no necesitamos, que nos hace daño o que definitivamente ha terminado su ciclo. Cuando todas nuestras hojas caen, podemos vernos desnudos y aceptar nuestra realidad. Ver todo lo que nos ha transformado y entonces abrir espacio para nuevas experiencias.

Otoño es una época para poner las cosas en orden: en nuestra casa, en nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón.

Empezar a hacer un recuento de qué se va y qué se queda, para que el invierno sea un tiempo de abrazarse y de sanar profundo.


Otoño es un buen momento para reconocer que nuestra sombra es tan importante como nuestra luz. Y que muchas veces, esa sombra es la que nos lleva a las experiencias más transformadoras en nuestra vida, experiencias que se convierten en bendiciones cuando alcanzamos a ver su propósito.


Otoño es un buen momento para ser amables, amorosos con nosotros mismos y experimentar nuevas cosas que nos reconforten y concentrarnos en las cosas que dejan más tranquila nuestra alma. Dar las gracias a lo que se va y aceptar que hay cosas que se tienen que ir para poder continuar.


Así que es un buen momento para ir soltando nuestras hojas y saber que soltar no es olvidar; es abrazar la experiencia, tomar los aprendizajes, reconocer y validar nuestras emociones y liberarnos del dolor. Entender que todo lo que nos pasa tiene un “para qué”, no un porqué y que poco a poco nos irá revelando su propósito.


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