Relatos de héroes verdaderos. El médico

Actualizado: jun 2



Relatos de héroes verdaderos. El médico.

Por Allari Prieto R.


De niña creía que los héroes eran unos seres ridículamente corpulentos, de fuerza descomunal, de gesto duro o gentil y músculos gigantescos que parecían salir de la piel. Hoy sé, que los héroes verdaderos, nada tienen que ver con esto.


La epidemia del COVID- 19 no deja de darnos lecciones, y creo yo que una de las más grandes, es justo el hecho de haber derribado estereotipos e íconos, conceptos erróneos que valorábamos como importantes y que hoy, parecen no serlo tanto, y en cambio, nos ha permitido dar valor a personajes de la vida cotidiana a los que nunca, o pocas veces habíamos considerado.


Hoy sabemos que la envoltura de los héroes puede variar. Unos vienen envueltos en pieles morenas y cabellos rizados, otros en barriguitas regordetas y cabellos rebeldes, otros más en cuerpos delgados y ojos con gafas, en cuerpecillos de niñas y cabecitas con trenzas o flequillos alborotados. En rostros de madres de ojos cansados, en cuerpos agotados debajo de batas médicas. Envolturas que por mucho tiempo los hicieron pasar desapercibidos. Sin embargo, esta epidemia los ha hecho visibles.


Hoy dedicaré mis letras a relatar sus historias, historias verdaderas, en las que he omitido los verdaderos nombres por respeto a su anonimato. Este texto no es más que un profundo homenaje a su vocación de amor y servicio, pues son ellos, quienes están al frente de esta batalla, para que el resto estemos bien. Toda mi admiración y respeto para ellos.


Aunque no hay datos globales tan confiables, se sabe que en países como Italia y España (entre los más afectados de Europa), los médicos, enfermeras y personal sanitario, han tenido que redoblar sus esfuerzos para luchar con el virus. En los casos de América Latina. Ecuador es uno de los países más afectados, según datos del Colegio de Médicos de ese país, alrededor de 1500 médicos han resultado contagiados, en el caso de México hasta el cierre de esta edición se tenía un número de alrededor de 329 médicos afectados. Son, sin duda, los miembros del personal médico de todo el mundo, enfermeras, médicos, laboratoristas, personal de limpieza, etc. los héroes verdaderos de nuestros días, pues están en la primera línea de combate para salvar vidas, aun sabiendo que su salud y la de sus seres queridos están en riesgo.


Hoy narramos la historia de uno de ellos, un homenaje con profundo respeto y mucho cariño. Gracias a todo el personal sanitario y médico de cada rincón del planeta. Gracias, gracias, gracias.

El médico


Su nombre es Rodolfo, desde niño ha tenido dos grandes dones: la inteligencia y la sensibilidad. Ingreso a la escuela de medicina siendo muy joven, se graduó y posteriormente se especializó en medicina interna. Desde sus primeros años del ejercicio médico conoció el rostro duro de la enfermedad y el dolor de la pérdida. A pesar de la rudeza de su trabajo y de atender día a día con enfermos graves o terminales, su corazón no se endureció. Siempre ha buscado dar a sus pacientes un trato amable, a pesar de no siempre recibir lo mismo.


Hoy, en medio de la epidemia de Covid-19, asiste al hospital donde trabaja para atender, además, de a sus pacientes habituales, pacientes con sospecha de ser portadores del virus. Así como pacientes infectados. A estas fechas ha enviado decenas de pacientes a centros COVID, de los cuales, no todos han sobrevivido.


Rodolfo ha perdido pacientes y compañeros de trabajo, algunos son colegas médicos o personal de enfermería, todos cercanos, todos queridos. Además de tener que transcurrir los días con una sensación constante de amenaza, el miedo inevitable. Hay días en que este temor está más presente y días en que no, hay días que siente terror de contagiarse y de contagiar a los que ama, y quizá detrás de los gogles, las mascarillas y todo el equipo que porta, han corrido muchas lágrimas.


Detrás de ese traje, hay un hombre con un corazón inmenso, que ha tenido días muy duros en los que ha debido hacer una pausa para respirar, para llorar y tal vez, también para meditar. Este hombre, también ha necesitado ser contenido, han sido días duros, de mucho cuestionamiento, dolor y duda, días difíciles en los que él, que, como cualquiera de nosotros, ha estado a punto de quebrar y muchas noches no ha dormido tratando de entender lo que se está viviendo. Quizá ha quebrado, ha llorado, y ha reclamado, pero se ha limpiado las lágrimas y al día siguiente, se ha dado un baño y ha vuelto al frente. Porque es su vocación, su misión de vida.

Muchas otras noches, a pesar del cansancio después de un largo día en el hospital, ha atendido las llamadas de amigos y conocidos con sospecha de estar enfermos, ha contenido, ha ayudado, ha consolado. Porque estos días ha seguido siendo, hermano, hijo, novio y amigo. Él como tú y cómo yo, tiene gente que lo ama, tiene alguien que lo espera cada noche al llegar casa. Rodolfo tiene una vida, sueños, ilusiones y proyectos, sólo que hoy le tocó estar al frente de esta batalla, luchando con su experiencia y conocimiento, para salvar vidas, no en todos los casos lo ha logrado, pero él, en su ser más interno, sabe que por ese paciente que se ha ido de alta sonriente, o por ese conductor de Uber que al dejarlo en casa, se ha tomado el tiempo de darle las gracias con la verdad en los ojos, por aquellas personas que le han mandado un regalo, el desayuno, por ese niño que detectó a tiempo, por todo eso y por todos ellos. Cada segundo de esta experiencia, ha valido la pena.

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