¡RINDETE! por Hesiquio Rodríguez

Actualizado: ene 14




¡Ríndete!

Hace unos cuantos meses,  viví  uno de las situaciones  más temidas  por  los médicos.  Es tan temida, que la recomendación es no involucrarse. La verdad es que en el momento, no vi otra alternativa. Tuve  en mis manos  la vida de uno de mis  seres  más amados, mi mamá.  

Por azares del destino  llegó al hospital donde trabajo y por  su estado  de  gravedad  y algunos problemas  administrativos,  que no son tema  de este escrito, ya no me  fue  posible trasladarla al hospital en donde  normalmente se le  atiende. 


Lo  acepto,   me  enfrenté al  miedo, pues, sin quererlo tuve  que  jugar el rol de hijo, de administrador de recursos y de médico. Luego de 10 días  de  toma de decisiones;  de  incertidumbre, de  mucha meditación y del amoroso apoyo de la familia, los amigos   y la poderosa  Sangha; todo quedo como una experiencia dura, pero firme.

Hoy  la veo  como  una  amorosa oportunidad de  la  vida  y de  mi ser  superior para expandirme y recordar  lo  que soy. Y  eso es que les quiero compartir.


Cómo debemos  actuar. Cómo debemos afrontar la vida, cuando  a  pesar de nuestros “mejores esfuerzos”, todo parece ir  en contra  Ante  una situación de  crisis, sea  el  tema  que sea, pérdida de relaciones, problemas de  índole laboral, colapso en la familia, problemas graves en la economía,  temas de salud  personal o de algún ser  querido, o una combinación de todas. En una situación de  crisis  nos  vemos  nadando contra corriente  tratando de sobrellevar el dolor, de ser duros,  de convencer al   mundo de que   todo  está bien; poniéndonos máscaras de fortaleza, cuando en realidad, nos rompemos por  dentro. ¿De verdad?  ¿Esto se trata de ser “fuertes”? porque así nos han enseñado, no importa que mostremos una sonrisa falsa.  

Creo  que   la mayoría de  nosotros nos hemos encontrado, al menos, una vez en   una situación así. En algún momento hemos querido demostrar al mundo  “LA  FUERZA”  porque  lo  último  que deseamos es que, además de la  crisis,  la gente hable de cómo el  mundo se desmorona y nosotros junto con él. ¿Has estado en esos  zapatos? ¿Lo estas ahora  mismo? Respira y Recuerda  que  eso, como  todo en la   vida,  “También, pasará”.


 Te  cuento que  aprendí para afrontarlo. Lo  primero que descubrí fue la necesidad de honestidad. Reconocer  mis  emociones  por  muy  negativas  que parezcan,  reconocer  que tengo miedo,  que  estoy cansado,  que  siento  dolor.


Reconocer que no puedo con todo; este  es el punto clave  pero, al mismo tiempo el más  difícil, pues nos han enseñado que  tenemos que  ser  fuertes  para  todo y eso  no es más que  una  gran mentira.  No tienes que ser fuerte todo el tiempo, porque fingir puede ser agotador, mental y físicamente.


La verdad es que no siempre todo estará bien y eso es perfecto. Tienes permitido ser un desastre, estar triste, luchar, sentirte roto y confundido. Todas tus  emociones y sentimientos son relevantes.  Admitir que estás luchando y que  esa lucha te está costando  trabajo, no te hace débil de ninguna manera,  al contrario,  se   necesita  una  gran  fuerza  para reconocer  que  tan vulnerables  somos. 


El segundo aprendizaje   es la humildad: Vista  desde la premisa  de que  no soy un ser  superior  y que soy tan  humano como cualquiera. Si hay  un momento de  crisis  es  normal no poder con  todo. No debemos  querer jugar todos los  roles posibles  porque simplemente  no se puede.  Habrá que escoger uno  y  sobre ese jugárnosla y confiar  que ese único  rol a jugar abrirá  todo lo que  parece  haberse   bloqueado.



Tener humildad para pedir ayuda. Estamos  rodeados de   gente que nos ama  y  que está  dispuesta  a ser  un soporte  al  primer  llamado. Pide ayuda, habla de tus  problemas  y desahógate, delega responsabilidades, porque te liberará de todo el  ruido de la mente y te permitirá ser más objetivo.  No pasa nada si permites que alguien tome parte del peso de tus hombros y te dé un descanso.

Confía en los que amas, siente el dolor y date la oportunidad de cuidarte primero. No hay nada de malo en dejar que otros te carguen un poquito, como  seguramente tú has hecho en otras ocasiones.


El tercer  punto es: MEDITA. Tomarnos unos minutos de calma abrirá las  puertas  a la claridad, aunque parezca  no estar a  nuestro alcance. Meditar  en un momento de enfoque. No  lo  dejes de lado  por pensar que quita tiempo para las   cosas importantes; al contrario. Meditar  nos  entregará la calma  que  justo  necesitamos.



Pero, quizá la más grande lección es la cuarta: RENDIRTE.  Así como lo lees. Ríndete. Cuando lo has entregado todo, cuando has hecho todo lo que está en tus manos, cuando lo  has dado todo y  aún así los problemas  parecen seguir  superándote. Sólo queda  una cosa por hacer: Ríndete.

Rendirse es abrirse a la posibilidad de  que todo suceda. No es  un acto de cobardía, es un acto de amor puro, de fe en ti mismo y para eso, se necesita, valentía. Es comprender  que  sea el resultado que sea siempre estará inmerso en amor. No  te rindas porque  crees que no puedes más, ríndete porque te entregaste y sólo amor puede producirse de la entrega. 

No te  rindas  ante  tus miedos, ríndete a  experimentarlos  y reconocerlos como herramientas para aprender. No te rindas  ante la  frustración, ríndete ante el amor  y ante la  confianza de que  todo será para el mejor bien para todos. No  te rindas  ante la pereza, ríndete  a la fortaleza  y el soporte de tus seres queridos.  Ríndete  a la belleza del proceso  que estás  viviendo, ríndete  a la   oportunidad  que te da la vida para expandirte  en  perfección y a abrir tu  corazón.  Ríndete (en palabras de mi querido maestro) ante la consciencia de que somos parte de un todo). Tan sólo siéntate, cierra  tus ojos, respira profundo y entrégate a   tu corazón  para que el ruido de la mente  calle. Entrégate  a tu ser superior (lo que  eso  signifique para ti)  y   ten la confianza de, que si lo has  dado todo,  todo está  por  venir. 

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