UN SEGUNDO MÁS

Actualizado: oct 4

POR LINDSAY MARTÍNEZ



Espera… inhala… exhala… nuevamente.


Inhala… exhala…


Una siguiente vez… inhala… exhala… eso es… muy bien… ahora sí, continúa inhalando y exhalando suavemente mientras te tomas un momento para leer las siguientes líneas.


Recuerdo perfectamente esa tarde. Hacía un poco de frío y llovía no sólo fuera sino dentro del alma también. El anhelo de encontrar respuestas me llevó a ese lugar, en el que, al entrar, no sólo me inundó el olor a palo santo o el sonido del armonio, sino también, el sentimiento de amor y paz que emanaban los cuatro seres que estaban ahí.


Uno era el maestro, el guía; otro el seguidor fiel, el devoto por excelencia; el tercero representaba la luz de la vida y el cuarto, un ser infinito de amor y expansión. Todos parecían como guardianes y protectores de un espacio, una habitación que pronto se convirtió en un sitio sagrado que obligaba reverentemente a descalzar los pies para poder entrar.


Al pasar con todo sigilo y quizás una reverencia, me senté en un tipo de almohada algo dura, que tiempo después supe se llamaba zafu y con mi corazón latente y una inhalación muy suave y profunda, escuché un estruendoso OMMMMMMM… seguido de otro y otro y otro… El sonido fue tan impactante, que estremeció cada célula de mi cuerpo y mi mente; estremeció cada centímetro de mi alma y de la nada, cada pensamiento que llegaba a mi mente se disolvía con cada OMMMMM llevándome suavemente a regresar a mí.


En medio de la oscuridad y la luz, en medio de todos y de nadie, en medio del ruido mental y el latir del corazón, una voz muy dentro decía, “un segundo más, respira, escucha, siente, vive, repite” …OM… Y mi ser entero vibraba, se limpiaba, se sanaba. En medio de las dudas, llegaron las preguntas; en medio de las preguntas, llegaron las respuestas; en medio de las respuestas se materializó el anhelo del alma y en el anhelo del alma, la magia ocurrió. No de un de un día a otro, no. No de forma repentina, pero la magia ocurrió con cada día que me sentaba en la almohada dura a decir OM y regresar a mi corazón.


Durante esos meses, cada uno de los cuatro guardianes jugó un papel importante en mi vida, pero jamás olvidaré una ocasión en la que, después de meditar, abrí los ojos y vi el rostro de la cuarta guardiana. Lo único que noté fue tranquilidad, amor, paz y devoción en sí misma; ese cuarto ser infinito de amor y expansión que, con su cabello rubio y largo, sus ojos amorosos, su sonrisa amable, su voz tierna y su pashmina amarilla, nos recibía a todos por nombre, nos abrazaba desde el alma y nos decía “te amo”. Al principio no entendía cómo nos podía amar sin conocernos; lo que entendí después de un tiempo, es que nos amaba porque ella es amor infinito y expansión; ella nos daba lo que ella es, no lo que nosotros éramos en ese instante; su forma de transmitir fue tan impactante que nos convertimos en lo que nos daba, amor total.


Al pasar del tiempo, hoy esa lección sigue estando grabada en mi corazón, “me siento cada mañana a meditar por un segundo más de paz, por un segundo más de tranquilidad, por un segundo más de amor, por un segundo más de expansión, por un segundo más de poder regarle a alguien que amo la posibilidad de ser amor infinitito como lo hizo aquella guardiana conmigo”


Ahora, querido mío… después de haber leído estas líneas, nuevamente, inhala… exhala… inhala… exhala… una siguiente vez, inhala… exhala…respira sólo un segundo más y continúa.


Con especial amor a mi maestra y guía FER, el amor materializado en una persona.

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