EL PODER DEL SILENCIO

POR ALEJANDRA LEDESMA



¿Qué es para ti el silencio?

Para algunos el silencio es el momento donde no hay ningún ruido o ninguna voz, para otros es dejar de pensar o callar un sonido para escuchar otro. Lo cierto es que a pocos les emociona, a otros les asusta y a muchos les incomoda.


¿Has estado realmente alguna vez en completo silencio?

¿Cuando de verdad no hay un sonido, entonces escuchamos el sonido del silencio?

Algunas personas se refieren a ese silencio como “ensordecedor” y otras dicen que se escucha como un “bhuuuuuuuuuuuuh”.

Para muchos otros, el sonido puede significar un vacío y el vacío nos asusta, pues estamos acostumbrados a llenar espacios, a tener, a acumular y que haya un espacio vacío nos hace voltear hacia adentro, nos hace mirar a nuestra propia casa, a ver lo que realmente tenemos más allá de un cuerpo, de posesiones materiales o de títulos.


Acudir al silencio es un arte, un entrenamiento y requiere práctica, pues no puedes parar en seco a un auto que va a 200 km por hora, nuestra mente es como si fuera ese auto. Tienes que ir bajando las revoluciones poco a poco, con diferentes herramientas que lo hagan más amable y sobre todo más disfrutable.


Creo que la primera pregunta que podemos hacernos es ¿Qué es para nosotros estar en silencio?


En gran medida, depende del ruido mental que tengamos. ¿Y qué es ese ruido mental? La cantidad y calidad de pensamientos que haya en nuestra mente. Si todo el tiempo nuestra mente está llena de pensamientos que nos presionan, nos juzgan, nos torturan con cosas del pasado o nos angustian con miedos del futuro, estos pensamientos se convierten en un “ruido” que no nos deja escuchar con claridad los pensamientos que realmente aportan a nuestra vida. Este ruido mental distorsiona, confunde y sobre todo no nos permite escuchar nuestra intuición, esa vocesita que viene del corazón y que nos guía con certeza, cuando estamos atentos a escucharla.


Te contaré sobre algunas maravillas del silencio que he vivido en mi vida. Empezaré por la que más me ha aportado. El silencio nos permite Descansar, esto que a muchos nos cuesta trabajo, por estar en este tiempos donde: “siempre hay que estar haciendo algo”, “hay que ser productivo”, “descansarás cuando te mueras”, etc. se vuelve complejo hacerlo.


¿De qué descansas cuando acudes al silencio? Depende de lo que a cada uno nos atormente. Pero si tan sólo lográramos descansar de sentirnos juzgados, de los demás y sobre todo de nosotros mismos, sería mucho más corto el camino al descanso y al silencio mismo.

La mayoría de nuestros pensamientos traen una gran carga de calificación y descalificación sobre lo que hacemos, lo que no hacemos, lo que hicimos mal y lo que seguramente no haremos bien. Y esa constante calificación y descalificación resulta ser agotadora, tan agotadora que nos drena de energía todo el tiempo, y como es recurrente, ya ni lo notamos.

Si hacemos un esfuerzo por no juzgarnos, si podemos voltear a vernos con ojos de empatía y bondad, el camino al silencio se vuelve más ligero y más placentero.


El poder del silencio radica en qué es lo que escuchamos cuando vamos al silencio. Qué es lo que escuchamos cuando le bajamos el volumen a los pensamientos, cuando nos desenganchamos de la mente. Y casi siempre lo que escuchamos es lo que cultivamos. Si sembramos y cultivamos semillas/pensamientos de sufrimiento, de rabia, de discriminación, odio o miedo, eso es lo primero que podría salir a relucir cuando vayamos al silencio. Con práctica y constancia, podríamos ir más adentro y contactar con la voz de nuestro corazón, pero en un inicio, tal vez no será tan agradable. En cambio, si sembramos y cultivamos semillas/pensamientos de amor, de fe, de perdón, de alegría, de felicidad, el siguiente paso natural, será escuchar nuestro corazón y conectar con nuestro propio sonido del silencio.


Pero, ¿cómo iniciar? Comencemos por reconocer los ruidos exteriores, tomando en cuenta que lo que nos genera ruido, no sólo son sonidos, también imágenes, conversaciones, información. Todo aquello que pase a través de nuestros sentidos, genera armonía o ruido dentro de nosotros. Todo aquello que pasa por nuestros sentidos, nos contamina o nos nutre. Llénate de imágenes, conversaciones, sonidos, etc., cosas que te nutran, que te aporten, no que te califiquen o descalifiquen a ti o a los demás, y de esta manera de conviertan en esas semillas que cultives y encuentres cuando vayas al silencio.


Después guarda silencio. En tu día a día, trata de hablar menos y escuchar más, observar más tiempo, con más detalle, no para juzgar, sino para estar presente en lo que pasa cada momento. Si tu mente está en el presente, si te conectas con tu respiración, con tus sensaciones corporales por un minuto, un par de veces al día, como si le describieras a alguien lo que está sucediendo dentro y fuera de ti, eso ayudará a que empieces hacerte consciente del silencio.


El siguiente paso consiste en escuchar los sonidos sutiles de la vida, aquellos que nos llevan a nuestro origen. Darte la oportunidad de dejar a un lado el celular y sentarte en un parque a escuchar el viento, el trinar de un pájaro o el correteo de las ardillas en los árboles. Darte un fin de semana para escuchar algún riachuelo, o disfrutar una tarde en casa sólo escuchando la lluvia detrás de la ventana. Afinar el oído, recalibrar tus sentidos a estos sonidos sutiles, para después acudir al silencio.


Y entonces será más fácil, más ligero, menos amenazante y más acompañado de ti, ir al silencio. Será un camino dulce y suave que te lleve a descubrir que no era tan ensordecedor como parecía, sino más bien un bálsamo que te recuerda que la belleza de la vida está dentro de ti y en lo que el silencio te ha ayudado a cultivar.


El poder del silencio radica en tener la humildad y la valentía para querer ir hacia adentro, sabiendo que corres el riesgo de encontrar a tu mejor aliado o a tu peor enemigo, si estás lleno de juicios. Y cuando rompes esta barrera, cuando haces práctica de silencio aunque sean cinco minutos diarios, tu vida comenzará a cambiar. No sólo empezarás a descansar, tus sentidos se empezarán a agudizar y la mirada hacia ti se volverá más amorosa, compasiva, empática, para después, volver a ir hacia afuera y compartirlo con el mundo.



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