ENTRETEJERNOS Y CANTAR

Actualizado: mar 31

POR ALEJANDRA LEDESMA




Hace algún tiempo vi un meme que decía “Nada es más fuerte que el amor… excepto la telaraña que columpiaba a los elefantes, esa sí que era fuerte”, y me hizo recordar con amor y con una sonrisa en la boca, esta canción que cantábamos en familia, cuando hacíamos largos viajes en auto.


Inicio con este recuerdo, pues tiene dos de las cosas que hoy, en este momento de mi vida, tienen tanta relevancia: la familia y una canción, “mi canción”.


Siempre he creído que la familia es como una red en la que te puedes dejar sostener; te arrulla, te cacha cuando te caes y te impulsa cuando lo necesitas.


Te sientes seguro, sabes que, si algo pasa en tu camino, si das un mal paso, si decides ir por lugares complicados o demasiado estrechos, siempre estará ahí para sostenerte.

Sin embargo, también cuando algún miembro está sufriendo o muere, esa red se tambalea y se abre de algunas partes, se nos mueve todo y es necesario reorganizarnos para ajustarla y entretejer entre todos nuevamente.


Este ajuste y entretejido, surge a través de cuidados, comprensión, amor y fortaleza, donde entre todos reconstruimos la parte dañada, para que nos permita sentirnos sostenidos, seguros, sensibles y fuerte a la vez.


Nuestras redes se han tenido que ir ajustando en estos tiempos, donde el Covid ha llegado a la mayoría de las familias, sin respetar edad, nivel socioeconómico, o qué tanto te cuides, escabulléndose por la ventana y eligiendo con un dedo quien se queda y quien se va.


Tiempos en los que nuestra familia y la gente que amamos, parecen ser tan fuertes y tan frágiles al mismo tiempo.


Momentos donde nuestros chats familiares parecen obituarios pues apoyamos a otras familias y ellas apoyan a la nuestra.


Las familias de estos tiempos, son redes que se abren, se cierran, se rompen y se vuelven a tejer. Y eso es lo que nos mantiene de pie y con la esperanza y el agradecimiento como estandarte. Son redes donde emergen oraciones cada noche, o surgen de improvisto a cualquier hora del día porque alguien entró de urgencias al hospital. Esas oraciones que sanan y sostienen al mismo tiempo.


Toda esa magia, pasa en la “Red de la familia”. Sí, la familia. Siempre será la primera y la última.


Hablando de “mi canción”, quisiera hacer referencia a mi inspiración; una tribu en África, que cuando saben que una mujer está embarazada, entonces, todas las mujeres se internan en el bosque a orar y meditar hasta que aparezca “la canción” del bebé. Pues saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.


Las mujeres al encontrar la canción, la cantan en voz alta, luego se la enseñan a toda la tribu y la entonan todos juntos en ciertos momentos significativos de su vida: cuando nace, cuando inicia su educación, cuando se inicia como adulto, cuando se casa y finalmente, cuando parte de este mundo, para que lo acompañe en el viaje. Particularmente en este momento, la canción lo arropa y lo acompaña. El que se va, la escucha, la percibe y la imagina, sabe que se irá rodeado de la gente que lo ama.


Esta canción es única para cada integrante de la tribu y es tan poderosa no sólo porque está hecha especialmente para cada miembro, sino porque toda la comunidad la canta, recordándole su esencia.


También, esta canción es cantada por todos cuando el miembro de la tribu se encuentra en una situación complicada, cuando ha hecho algo en contra de él mismo o de la comunidad. Porque la tribu sabe que la solución para eso que le está sucediendo, no es el castigo, ni el juicio, sino el amor y la empatía, recordándole su verdadera esencia e identidad.


Al día de hoy, tengo 2 maneras de escuchar “mi canción”: Meditar y dejarme sostener por la red de mi familia.


Meditar me regresa a mi esencia y a mi corazón, a aceptarme como soy y a verme a través de los ojos del amor y la compasión.


Y mi familia siempre sabe cómo y qué hacer para sostenerme cuando es necesario, sé que siempre estará ahí para cantarme mi canción, si es que la olvido temporalmente por el dolor.


Dedicado a ti, tío Salvador y a Kelly que han emprendido su viaje. Háganlo tranquilos y felices, que aquí nosotros seguimos cantando su canción.


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