Soltar para abrazarme


Soltar para abrazarme

por Karla Montero


He aprendido que lo más difícil de soltar es el miedo que nos da perdernos a nosotros mismos… ¿Quiénes seríamos después de soltar eso que quizá nos hace daño, pero a la vez nos da identidad?


¿Quién sería yo sin esa persona frente a mí que me define como una guerrera, como una mujer fuerte y resiliente, como una mujer comprensiva y amorosa, que saca a la luz lo mejor y lo peor de mi? ¿Quién sería yo sin esa persona que pone a prueba mi paciencia dejándome muchas veces en el papel de víctima? ¿Quién sería sin esas etiquetas que me dicen quién soy y cómo debo actuar, manteniéndome en puerto seguro?… ¿quién?


Si de pronto un día digo que ¡ya no más!, que abandono el barco, que estoy dispuesta a ser la mala de la historia, esa, la que nunca he sido, mostrar la cara que nunca he querido que vean de mí.


¿Qué pondría entonces en esos estantes vacíos? ¿De qué llenaría esos huecos? ¿De dónde me podría sostener? Qué miedo ser tan libre y no tener claro el para qué.


¿Será que nos da miedo ponernos a prueba? Porque en el fondo de nuestro corazón sabemos lo poderosos que somos; en el fondo sabemos de nuestra gran capacidad de crear y sin embargo, nos aterra la idea de salir de la cueva. No es tanto el miedo por lo que encontraremos afuera; más bien, es el miedo a dejar lo que sabemos que ya no podremos llevar pero que nos da una falsa idea de seguridad.


¿Cuánto te aterra dejar ese trabajo? ¿Esa ciudad? ¿Esos hábitos? ¿Esa pareja? ¿Esa realidad? Nos han hecho creer en el falso mito de la “seguridad” en la que basamos muchas de nuestras decisiones, muchos de nuestros sacrificios, mucho de nuestra identidad. ¿Quién estaría dispuesto a soltar su seguridad? Sólo un loco, aventurero, irreverente, desquiciado, mal agradecido, iluso soñador… o quizás un buscador, alguien que ha comprendido que nada de lo que hay afuera significa más de lo que lleva dentro.


Como ejemplos se me ocurren Siddhartha y Jesús, probablemente tú conozcas a más. Ellos eligieron soltar la seguridad de su trono, de su papel en la sociedad, de su comodidad, para buscar su verdadero significado, encontrar su propósito, su verdadera misión. En su momento los llamaron locos; sin embargo, no dejaron de ser quienes eran, sólo se atrevieron a dejar de ser lo que los demás esperaban que fueran. Sin importar las etiquetas que en ese momento pudieron perder o ganar; sin importar lo que dejaban atrás.


Pero espera, no salgas corriendo, no abandones a nadie ni nada aún, solo asegúrate de no estarte abandonando a ti, de no dejar de mirarte a ti, de no dejar de amarte a ti, de no dejar de escucharte a ti, de no olvidar que todo nace en ti. Lo único seguro en esta vida es que un día entregaremos el cuerpo y nuestro corazón dejará de latir, mientras tanto, asegúrate de vivir la vida, como TU anhelas vivirla. Y si sabes que debes soltar para vivirla dichosa, suelta todo, pero nunca te sueltes a TI.


Porque cuando regresas a ti y te reconoces como el autor indiscutible de tu realidad, no hay nada ni nadie que pueda seguir definiéndote, limitándote, controlándote, afuera todo es un reflejo de tu interior, afuera está el mapa, la brújula siempre eres tú. Porque cuando regresas a ti comprendes que no hay espacio para la víctima, para el sufrimiento, para las dudas o para el miedo; cuando regresas a ti, te das cuenta de lo mucho que eres más allá de esos patrones que inconscientemente elegiste seguir. Cuando regresas a ti, descubres que eres mucho más que esas etiquetas que por largo tiempo te definieron y no las necesitas más.


“Regresa a tu corazón y transformaremos al mundo” dice nuestro querido maestro Jivan Vinod. Debo confesar que, aunque tardé en asimilar con el corazón esa frase, hoy comprendo su verdadero significado, hoy comprendo que transformando mi mundo, soy el cambio que quiero ver afuera, soy la semilla del edén, YO SOY, así sin más. Regresa a tu corazón y transformaremos al mundo. Y para recordar cómo volver ahí… Medita.

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